Los últimos años han sido una época confusa para la democracia en África. Hemos visto golpes de Estado que no parecían golpes y elecciones que no parecían elecciones. Y la tendencia general es clara: los avances en los 90 están amenazados por gobiernos con poco compromiso. Así que, ¿cuáles son las lecciones que podemos extraer? Veamos unas claves.

Con los militares mejor no meterse

Las Fuerzas de Defensa de Zimbabue pusieron al presidente Robert Mugabe bajo arresto domiciliario y posteriormente orquestaron su destitución. La intervención fue enmarcada como una acción para eliminar los elementos criminales que rodeaban al presidente. En realidad representó un esfuerzo de los militares para proteger sus intereses políticos y económicos. Como resultado, la remoción del presidente.

Cuando el jefe del ejército se pronunció en contra de las purgas, se enfrentó a ser reemplazado y acusado de traición. La destitución de Mugabe sirve como recordatorio de que, a pesar de elecciones, meterse con los militares puede ser la peor de las ideas. Los golpes de Estado suelen justificarse por el interés nacional pero en realidad acarrean amenazas a la seguridad.

El papel de las multinacionales occidentales

Conocemos el impacto social, ambiental y político negativo de algunas empresas multinacionales que operan en África. Especialmente en lo que se refiere a la extracción de recursos naturales y al soborno para obtener contratos lucrativos. Ejemplos como el de una agencia de gestión de la reputación francesa deberían ser de utilidad. Esta empresa fue acusada de diseñar una campaña para avivar las tensiones raciales en Nigeria como una forma de desviar la atención de los malos resultados del gobierno. La empresa fue muy bien pagada por su trabajo, lo que resultó ser una pequeña compensación cuando el escándalo estalló y se vio obligada a entrar en la administración.

Sin embargo, muchas de las multinacionales que hacen este tipo de trabajo siguen operando. Junto con la naturaleza lucrativa de estos contactos, esto sugiere que dichas compañías continuarán jugando un papel cuestionable en las elecciones africanas del futuro.

Los jueces no pueden salvar la democracia

La Corte de Kenia se convertió en el primer órgano judicial del continente en anular la elección de un presidente. Confirmación de independencia judicial que fue muy celebrada cuando los demócratas empezaron a soñar con un nuevo activismo judicial.

A pesar de ello, cualquier esperanza de repetir las elecciones resultó ser demasiado optimista. La evidencia de que la interferencia política en la comisión electoral estaba socavando los esfuerzos para fortalecer el sistema llevó a un boicot de la oposición. Y con el siguiente desenalace: el presidente Kenyatta ganó la segunda encuesta por una gran mayoría. La experiencia de Kenia demuestra que unos poderes judiciales más independientes pueden tener un gran impacto en la democracia pero también que ese impacto se ve limitado por las debilidades en otras partes del sistema político.

La exclusión política engendra el secesionismo

Una de las principales historias en los últimos años es el aumento del secesionismo en África. Es significativo que en todos los casos fue desencadenada por las percepciones de exclusión política. No menos cierto es que la demanda de creación de un Estado independiente tiene raíces muy complejas. Aunque estos movimientos (en Camerún y Nigeria, por ejemplo) tienen dinámicas muy diferentes, todos ellos se han encontrado con una respuesta estatal hostil. Paradójicamente, son movimientos que realmente no quieren separarse; los líderes de la oposición están usando la amenaza de separación. A menos que se satisfagan algunas de sus demandas es probable que el sentimiento secesionista se endurezca, socavando las identidades nacionales.

Resumiendo: es probable que los próximos años no sean amables con la democracia africana. Las encuestas no son tan prominentes como las elecciones presidenciales pero es poco probable que ofrezcan esperanzas. El desafío es organizar una competencia creíble en un contexto de inestabilidad política. Es importante no ser derrotista y pensar que el gran momento está a la vuelta de la esquina.